Martha despellejó el trozo de ternera, lo examinó con cuidado y quitó cada filamento nervioso hasta dejar de la carne sólo el rojo. Luego echó el asunto completo sobre una tabla, lo picó y, tras detenerse a ver sus manos un instante, abandonó el cuchillo y cogió un trapo. Sobre el fuego crepitaba una olla. Martha acercó la nariz al vapor y se incorporó sonriendo; vertió dentro el picadillo, una hoja de laurel, crema de leche, lo revolvió dos veces y fue hasta el salón.

Al regresar traía una bandeja de metal con mangos como de concha. Sobre ella alineó rodajas de huevo. Una por una las fue acomodando hasta conformar una guarda ovalada. Se sentó doblando el trapo que traía entre las manos, lo apoyó sobre su falda y se distrajo unos minutos viendo la televisión.

Hacia las nueve acomodó el plato entre los cubiertos de su marido. El hombre asentía sonriendo como quien nada dirá. De a momentos la miraba a ella, luego a la mesa larga con su mantel de pequeños dibujos redondos como el céntimo.

__Gracias__dijo al fin.

Ella se quedó allí de pie.

__¿Qué sucede, Martha? Dígame… ¿Quiere preguntarme algo?__agregó ante el silencio.

A veces Martha se embarazaba tanto con esta clase de escenas que perdía toda intención de hablar; aunque por otro lado llevaban treinta y cinco años, ¿con quién iba Martha a hablar si no?

__Diga, ande. Pregunte, Martha…

__Nada…___respondió ella arrugando las mejillas. Dio media vuelta como para marcharse pero enseguida se giró, cogió una silla y se sentó. __Nada…__volvió a decir y se echó contra el respaldo a negar con la cabeza; cruzó los brazos. __Me preguntaba si…__comenzó y se detuvo. __Si acaso…

__Martha…__la interrumpió él. __Su cena estará de-li-cio-sa. ¡Se lo aseguro!__agregó sonriente. __Aún no la he probado pero se ve que es un manjar. Así que si es eso lo que le preocupa__le advirtió de modo solemne__le digo que usted no tiene de qué preocuparse, Martha. Tiene una mano exquisita para la cocina. He cenado en cada restaurante del mundo que valga algo la pena y, se lo digo: cocina de su nivel es casi imposible encontrar, salvo, quizá, y muy quizá diría yo, en el Ritz. Dígame, ¿qué plato es este?

Martha se lo pensó un poco pero al final se dejó llevar como quien dice.

__Se llama cordero a la crema, señor Parker__le respondió con toda naturalidad.