El miedo es, ante todo, el rótulo de aquello que aún no hemos tenido oportunidad de conocer. Paradójicamente, nuestro único progreso se halla en transitar el camino que el miedo nos indica evitar. No hay nada verdaderamente nuevo en los temas que nos son placenteros. ¿Quiero hacer arte? Pues me pregunto primero a qué le tengo miedo. Fíjate que las advertencias de peligro nos disuaden de avanzar aunque principalmente nos disuaden de pensar en ello en el futuro. En este sentido supongo al arte como un modelo transitable de aquello que me atemoriza.
Konstantin Stanislavski preguntaba a sus alumnos: «¿Están enamorados de ustedes en el arte o del arte que llevan dentro?» Intuyo que es el egoísmo o la estupidez de intentar servirse del arte para triunfar lo que decepciona. Triunfar, sólo triunfa el arte; sabido esto, aprendemos a utilizar sus herramientas.